Roc Blackblock camina por los márgenes entre el arte y la calle, entre la memoria y la denuncia, convirtiendo los muros en espacios de conversación y resistencia. Su trabajo nace del arte urbano, pero trasciende el ejercicio estético para convertirse en una forma de intervención social y política. A lo largo de casi 30 años de trayectoria, ha construido una voz propia, reconocible por su capacidad de habitar el espacio público con una mirada crítica y comprometida, poniendo el foco en historias que a menudo quedan fuera de los relatos oficiales.
Su obra está profundamente vinculada a la memoria histórica, a los derechos humanos y a las luchas colectivas. Ha desarrollado proyectos que recuperan la memoria de personas represaliadas, de movimientos sociales o de comunidades silenciadas, siempre con una clara voluntad de generar preguntas y de reconectar pasado y presente. Sus murales no se limitan a ocupar una superficie, sino que dialogan con el lugar, con las personas y con los contextos que los rodean.
En la persiana de la nueva Librería Finestres Palestina, Roc Blackblock ha pintado a una persona palestina sosteniendo una llave —símbolo del derecho al retorno de la población palestina expulsada de sus hogares— acompañada de la fecha “15 de mayo de 1948”, día que marca la Nakba (“catástrofe”), el inicio del desplazamiento forzado de cientos de miles de palestinos. Con motivo de esta intervención, conversamos con él desde Acció Palestina sobre arte, memoria y resistencia.
La pieza gira en torno a una mano con una llave e incorpora el año 1948 como elemento central. Son elementos muy potentes y concretos en un contexto histórico. Asimismo, el mural consigue llegar a todo el mundo, incluso a quienes no conocen estos símbolos. ¿Cómo consigues hacer de un mural con símbolos, fechas y elementos concretos algo que pueda llegar, interpelar y ser comprendido por un público que pueda desconocer toda esta simbología?
He planteado este diseño como hago habitualmente, trabajando con diferentes niveles de lectura. El primero es el impacto visual inmediato, ofreciendo una idea muy rápida a primera vista. Con esta obra, el primer objetivo que busco es a través de los colores. Utilizando los colores de la bandera palestina (el predominio del blanco, el toque de rojo, el toque de verde y los negros) ya estoy dando una primera ubicación geográfica. Cualquier persona pasará por aquí y hará esa identificación y esa lectura. Incluir la kufiya implica incorporar un icono muy característico del pueblo palestino y de su lucha y resistencia. A partir de ahí hay niveles de lectura más profundos. Quien conozca la Nakba y los acontecimientos históricos de 1948 entenderá que esa llave representa la reivindicación de las casas robadas y de todo el expolio que se produjo desde entonces. De alguna manera espero que quien haga una lectura con conocimiento de causa pueda entender todo el contenido y que quien no lo conozca quizás sienta curiosidad y busque el significado de 1948 y Palestina, generando preguntas e interés en la gente.

La intervención está pensada para una persiana, un soporte muy específico y cotidiano. ¿Condiciona este formato la forma en que construyes la imagen y el mensaje?
Sí, un poco. La verdad es que las persianas no son el soporte ideal. Además, ahora prácticamente ya no utilizo el espray. Sí lo he utilizado durante casi 20 años y, por tanto, me manejo bien con él. En una persiana es prácticamente la única pintura que se puede utilizar. Esto, evidentemente, condiciona un poco la capacidad de precisión, sobre todo porque la pintura en espray ya tiene esa limitación y una superficie ondulada, con poca porosidad, exige un diseño que no te lleve a complicarte con algo que después no puedas resolver. Por eso he buscado una imagen impactante, que no fuera un paisaje con muchos pequeños detalles, sino la imagen de una llave en un primerísimo primer plano, un plano muy detallado que permite trabajar con comodidad y ofrecer una obra final digna.
¿Qué papel crees que puede desempeñar el arte urbano en contextos de conflicto o injusticia social?
Estoy plenamente convencido de que el arte urbano y las intervenciones artísticas en el espacio público tienen un papel crucial. Evidentemente no deciden nada, pero sí son una herramienta de primer orden en la batalla por las narrativas, en la batalla cultural. Desde el sionismo se están invirtiendo muchos recursos en este tipo de campañas, pero creo que las comunidades y los pueblos tenemos la posibilidad de salir a la calle, salir a nuestros barrios y dejar una huella clara de cuál es nuestro posicionamiento. Y no solo eso, también tenemos la oportunidad de hacer pedagogía, de generar relatos y diálogos. Hacerlo en un espacio tan democrático, transversal y horizontal como es el espacio público, donde el espectro de personas es tan diverso como la propia ciudad de Barcelona, me parece ir al epicentro de donde debe existir el debate político.
En tu proceso, ¿cómo pasas de una idea conceptual a una imagen final directa y legible? ¿Hay muchos bocetos previos, partes de imágenes de archivo o es un proceso más intuitivo?
Mi proceso creativo se ha ido configurando poco a poco también en función de las técnicas que utilizo y del hecho de que estoy muy centrado en temas de memoria. Estoy muy acostumbrado a trabajar con fotografía, a buscar en archivos, sobre todo en archivos documentales. De cada mural sobre Palestina he realizado búsquedas, investigaciones, he ido recopilando fotografías y guardando todo ese material. A día de hoy ya tengo un archivo propio bastante importante. También consulto redes sociales. Al final es una combinación entre buscar aquellas imágenes que funcionan visualmente, que tienen el impacto necesario en un lugar tan lleno de estímulos visuales como la calle, que sean estéticamente atractivas y que al mismo tiempo tengan esa carga de contenido. Se trata de encontrar ese equilibrio. A veces también hay una idea inicial y otras veces son las propias fotografías las que te van llevando por un camino concreto.
¿Qué te conecta personalmente con la causa palestina?
La causa palestina es una de esas causas que me han acompañado toda la vida. Ya estaba ahí antes de que yo naciera; he oído hablar de ella y la he visto a través de los medios de comunicación y, de alguna manera, siempre la he percibido como la actitud de un pueblo digno frente a una situación de barbarie, de opresión y de colonialismo absolutamente radical. Existe, por tanto, esa semilla que todos llevamos dentro y que nos hace hervir la sangre. Cuando vemos cosas que son injustas, que son inhumanas, es inevitable acabar abrazando la causa palestina, especialmente teniendo en cuenta cómo el pueblo palestino está sosteniendo esta lucha. De alguna manera está manteniendo el pulso de este David contra Goliat. Creo que eso debería impactarnos a todos, más allá de las aberraciones y atrocidades que se han cometido y de los crímenes contra la humanidad que se están produciendo en este último periodo.

¿Qué papel pueden desempeñar los artistas en la defensa de los derechos humanos en Palestina?
Al final, no se trata tanto del papel que pueden desempeñar los artistas como del papel que puede desempeñar cualquier persona. Cada uno tiene unas cartas y ocupa un lugar en esta sociedad, y creo que todo el mundo puede encontrar una manera de hacer algo y aportar algo desde su ámbito, desde su espacio de experiencia, ya sea como fotógrafo o como pintor. Creo que nuestro punto de acción lo tenemos precisamente en nuestro territorio: presionando a nuestro gobierno, presionando para que no haya partidos con equipos sionistas en nuestros campos de fútbol o de baloncesto. Tenemos que convertir cada espacio y cada persona en un pequeño lugar de reivindicación por la justicia, la libertad y el derecho de los pueblos a ser quienes quieren ser.
¿Crees que existe miedo entre determinados artistas a la hora de posicionarse en causas como la palestina?
Muchos artistas pueden encontrarse, como mínimo, con ese debate interno. Cada uno sabrá qué decisión final toma. Pero creo que esa autocensura viene determinada no por la conciencia de la gente, sino por la necesidad de sobrevivir sabiendo que detrás de la causa sionista existe una gran potencia económica mundial. De alguna manera, si quieres entrar en el mercado del arte puedes encontrarte con muchas puertas cerradas en determinados circuitos elitistas y en determinadas esferas de cierto estatus donde podrías intentar vender una obra de arte. Conozco casos de compañeros que exponen en galerías y que, cuando se han posicionado públicamente a través de redes sociales, han perdido seguidores, aunque por otro lado también han ganado otros nuevos. A mí no me ha ocurrido porque genero interés entre gente de izquierdas y personas afines a esta causa, pero artistas que conozco y que se mueven en circuitos comerciales completamente transversales se encuentran con que quienes compran sus cuadros son personas que no comparten la causa palestina.
¿Cómo podemos acercar a las nuevas generaciones a causas internacionales a través del arte?
Una de las virtudes que tiene el arte es abordar determinados temas que requieren mucho rigor, mucho tacto y mucho cuidado. Siendo el arte una disciplina que trabaja con las emociones, con los impactos, con los golpes de efecto, que toca los sentimientos y los sentidos, resulta muy fácil poner sobre la mesa determinados mensajes, como por ejemplo: “basta de políticas basadas en bombas, basta de exterminio, basta de genocidio, basta de desplazamientos”. El arte tiene esa capacidad de tocar las emociones de una manera especial. Es una herramienta más y creo que debemos utilizarla. En el caso del arte urbano hay un elemento añadido: despierta interés, es diferente, tiene un punto contracultural y posee esa capacidad de llegar a un público más joven. Utilizar el arte urbano como difusor, como altavoz de este tipo de causas, hace posible conectar con un público joven con afinidad por las culturas urbanas.
Si esta obra pudiera enviar un mensaje directo a Palestina, ¿cuál sería?
La frase “No dejemos de hablar de Palestina” me parece muy bonita y muy necesaria. Pintando el retrato de una persona palestina aquí, en la calle Verdi, lo que me gustaría transmitir al pueblo palestino es: “Os estamos viendo, os estamos escuchando y estamos actuando desde nuestro ámbito de actuación, desde nuestro entorno, intentando transmitir este mensaje sobre el derecho a vivir en tu hogar y a poder construir una vida y un futuro en paz. Intentamos ser vuestro altavoz y expandirlo desde aquí para que todo el mundo lo conozca. Resistid.”



